Soberanía como alimento de la democracia

Elegir entre el saladero y el zapato

Después de Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba, la provincia de Entre Ríos ocupa un lugar importante en la producción de alimentos. Lo hace básicamente a través de tres actividades que componen los principales ítems de su producto bruto: granos –léase complejo sojero-, avicultura y ganadería, en ese orden.

Salvo la cadena de producción avícola, el resto desarrolla su actividad bajo parámetros comerciales idénticos a los del siglo XIX. El paquete tecnológico incorporado durante la primera década del nuevo milenio disimula, especialmente en la agricultura, el atraso competitivo respecto de los principales jugadores del sector en el mundo.

Se trata de un tema trascendente, toda vez que quien comercializa de manera directa puede atesorar diferencias y volcarlas luego en inversiones, cosa que está casi vedada para el productor ganadero y los agricultores. En el terreno de los números, las bondades surgidas de la proximidad física de Entre Ríos con los grandes centros de consumo, se licúan al momento de los rendimientos en soja, por ejemplo, el principal ítem de la grilla productiva entrerriana. Aquí una buena cosecha puede dejar en la tolva, promedio, unos 25 QQ/Ha, lejos de los 45,1 de Córdoba, Santa Fe o Buenos Aires. La diferencia, además de las condiciones naturales del suelo son, grosso modo, los kilos de fertilizante por hectárea. Una razón.  

Hace una semana el Estado nacional decidió recuperar sus acreencias, que en realidad son nuestras, surgidas de los préstamos indiscriminados a la empresa Vicentín. Lo hizo de una manera que a muchos privados les resulta, al menos, incómoda salvo que en medio haya un oferente internacional. Si cualquiera de las multinacionales a quienes la aceitera santafecina les debe, hubiera presentado una oferta vía el juez del concurso, las banderas argentinas de quienes abrazaron la planta esta semana, saldrían a la calle vivando a Dreyfus, Glencore, Cargill o Bunge.

Esto incluye a parte del empresariado nacional ligado al negocio de commodities, en este caso exclusivamente soja para molienda y extracción de aceite, que conforma el listado de acreedores de Vicentín. Argentina es el primer exportador de harina y aceite de soja. El proceso de la planta de extracción por lo general tiene cinco pasos: manejo de semillas oleaginosas y elevador de operaciones, preparación de la soja para la extracción con solventes, extracción con solventes y desolventación de aceite, desolventación de escamas y refinería de aceite. El aceite es el mayor generador de divisas de la industrialización, pero deben tenerse en cuenta también biodiesel, expeller y glicerina, por mencionar los tres más conocidos.

Poroto o DW40

Un futuro de usos industriales impensados se abrió para la soja, oleaginosa que constituye el centro de la discusión por Vicentín. Resulta difícil asociar productos tan disimiles como el aerosol que es llave maestra entre los cerrajeros y el expeller para engordar un ternero bolita. Generalmente, cuando se habla de complejo sojero, se menciona a la materia prima poroto o, a lo sumo, aceite. Por esa razón es que para el imaginario popular resulte tan dificultoso establecer un nexo entre el alimento concreto y la intervención a una firma que se dedica al negocio de la soja. Lo cierto es que la lista de productos derivados de la oleaginosa es cada vez mayor. Para citar sólo un ejemplo hay 400 productos en supermercados que derivan del aceite. Margarinas y chocolates, los más conocidos.

Una unidad de investigación completa en la Universidad Nacional de Rosario se dedica a descubrir esas propiedades. Proteína vegetal  como fuente para la producción de carnes de distintos tipos, incluyendo la piscicultura; adhesivos para la producción de eco-aglomerados y otros laminados; lubricantes de autos, hasta el famoso w4 que usamos para cerraduras. Un caso aparte es el Bioaceite, un producto elaborado por investigadores de la Universidad Nacional de Rosario y el Instituto de Química (CONICET), quienes lograron una primera instancia para la eliminación de bacterias como la salmonella a través de un bioaceite extraído de la cáscara de la oleaginosa.

Frente a este escenario de grandes oportunidades, hay quienes decidieron explotar su potencial en otros campos. Este año, primero en Rosario y luego en Salta, se implementó la experiencia BioBus y EcoBus respectivamente. La ciudad más importante del interior santafecino fue pionera de la idea. Actualmente, existen allí 400 unidades del transporte público que funcionan con biodiésel en un 25% y dos que lo hacen al 100%. Para no aburrir con la lista, mencionemos que la versatilidad y menores costos de producción transforman a los plásticos de soja en una opción de rápido crecimiento. Los poliuretanos se aplican en espumas de uretano, aglutinantes, recubrimientos, adhesivos y selladores.

Cambiar el almanaque

El desafío que plantea la iniciativa, orientada a sinergizar el trabajo de diferentes áreas de la investigación científica, es precisamente subirse al mundo. Abastecer biodiesel para corte de gasoil, puede transformarse en una herramienta clave para el sector agropecuario. Máxime cuando el Estado puede subsidiar su precio para favorecer el crecimiento de las áreas sembradas y sumar proteína vegetal a la cadena de valor cárnica. Algunos economistas pueden horrorizarse ante la palabra subsidio, aunque cabe preguntarse ¿qué hace Estados Unidos con sus productores ante una situación crítica? ¿Acaso no echa mano a este tipo de ayuda, aunque la disfrace de incentivos a la producción? A eso deben sumarse los fertilizantes que, en el caso de nuestra provincia, cobran un valor superlativo.

Por otro lado están los candidatos. Parece que cada uno tiene el suyo. Hasta algunos periodistas y dirigentes políticos, pasando por Guillermo Moreno, José Luis Manzano o Eduardo Duhalde. El Estado quiere a la suiza Glencore como socia, para repetir el esquema 51/49 de YPF. Los apoyos tradicionales de los holdings externos sólo ponen la condición que no sea el Estado Argentino. Finalmente, el empresariado nacional, ligado al sector de acopio y molienda, impulsa a la Asociación de Cooperativas Argentinas (ACA) y aquí habría que hacer un paréntesis. Julián Echazarreta, actual número dos en el Ministerio de Agricultura de la Nación, fue subgerente general de la ACA hasta diciembre pasado y permanece ligado a la Bolsa de Cereales de Buenos Aires y Coninagro. Los proyectos de Ley de Fertilizantes y Ley de Semillas, ambos frustrados cuando Luis Basterra, actual Ministro de Agricultura de la Nación, era diputado, tejieron entre ellos una cercanía que ahora se extiende en el edificio de Paseo Colón al 900. Gustavo Bordet tiene dos funcionarios de primer nivel ligados a la ACA. Paradojas del destino: ambos son de Concepción del Uruguay. 

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