Enfermedades respiratorias en aves

05/20/2013

Sanidad Aviaria

Enfermedades respiratorias en aves

 

La laringotraqueítis infecciosa aviar (LTI) es una enfermedad viral aguda del tracto respiratorio de pollos y gallinas que puede causar grandes pérdidas económicas debido a la alta mortalidad y la disminución del desempeño productivo de las aves. Se trata de una afección de distribución mundial, incorporada en el listado de enfermedades de declaración obligatoria de OIE y cuya presentación es frecuente en zonas de alta concentración de aves.

El primer brote se reportó en Estados Unidos (1925) y luego tomó importancia en otros países, entre los que se encuentra Argentina. Desde los años 60 (a partir del comienzo de la avicultura industrial y, en especial durante los últimos tiempos) se producen periódicamente brotes, especialmente en zonas con alta densidad de aves y deficientes medidas de manejo y bioseguridad.

Problemas en Argentina

Durante 2012 y en los primeros meses de este año se reportaron casos locales, tanto en pollos como en gallinas ponedoras, en las provincias de Entre Ríos, Buenos Aires, Córdoba y Mendoza.

Nos referimos a una enfermedad que depende de una serie de factores predisponentes para su aparición. Entre estos: el transporte prolongado, los problemas de manejo, la alta densidad de aves en las instalaciones o en una región, el alojamiento de aves de distintas edades en el mismo lugar, temperaturas extremas, muda forzada y las enfermedades concurrentes como afecciones respiratorias causadas por diferentes agentes.

Otro tema a considerar es la capacidad que el virus posee para hacer latencia en el organismo de las aves recuperadas de la manifestación clínica. Cuando las mismas sufren algún tipo de estrés, eliminan el virus en forma intermitente favoreciendo su persistencia y, por lo tanto, se dificulta su control.

 

La clave es prevenir

Como la problemática no tiene tratamiento, su prevención y control son fundamentales para reducir las pérdidas causadas por su presentación (Ver Gráfico N° 1). En este sentido, las medidas de manejo adoptadas en programas de bioseguridad son esenciales para reducir la propagación del virus de una granja a otra y se consideran fundamentales en el control.

Por otro lado y desde hace años, la enfermedad se intenta controlar mediante el uso de vacunas vivas. Los programas implementados presentan limitaciones debido -principalmente- a que determinadas cepas vacunales de virus ocasionalmente podrían mutar y provocar brotes, lo que contribuiría a la propagación de la enfermedad. La infección o vacunación con vacunas vivas a campo a menudo resulta en la aparición de animales portadores y, por lo tanto, se vuelve extremadamente importante evitar el contacto entre animales vacunados o recuperados con los susceptibles. Existen también vacunas vivas atenuadas, elaboradas en embrión de pollo (CEO) y en cultivo de tejido (TCO).

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