La importación de carne aviar, porcina y vacuna marcó en marzo un nuevo récord histórico al alcanzar las 12.241 toneladas, un volumen que supera en más de 4.000 toneladas a febrero y que, según advierten especialistas y entidades del sector, comienza a poner en riesgo la subsistencia de los pequeños productores de pollo y cerdo.

Los datos difundidos por el Instituto para el Desarrollo Agroindustrial Argentino (IDAA) confirman una tendencia que se viene gestando desde septiembre de 2024, cuando las compras externas –impulsadas principalmente por el cerdo– treparon a 2.552 toneladas. Para tener un punto de comparación, en noviembre de 2023, antes de la asunción de Javier Milei, las importaciones totales de carne apenas alcanzaban las 684 toneladas. Desde entonces, el piso se consolidó y nunca volvió a perforarse, con vaivenes asociados al tipo de cambio real y al comportamiento de la demanda.
El ingeniero agrónomo Javier Preciado Patiño, titular de RIA Consultores, fue claro al vincular el rebote importador con la política cambiaria. “No se puede desvincular este rebote de la caída del tipo de cambio”, sostuvo el analista, en alusión al actual esquema de dólar atrasado que, al abaratar los productos importados en términos relativos, hace más conveniente traer carne del exterior que comprarla en el mercado local, incluso en un contexto de deterioro del poder adquisitivo de los salarios.
El riesgo no es menor para la avicultura. Entre Ríos, la provincia que concentra el 52% de la faena avícola del país, se perfila como una de las regiones más golpeadas. El diputado nacional oriundo de esa provincia, Guillermo Michel, describió una ecuación casi imposible para los productores de pie: la suba de tarifas, las tasas reales para financiar capital de trabajo y el estado caótico de las rutas hacen inviable producir a valores competitivos. Michel añadió que la apertura de importaciones promovida por el Gobierno, pensada para contener la inflación, tiene como contracara el retroceso de la industria, la pérdida de puestos de trabajo y una realidad paradójica: los precios de los alimentos no bajan en las góndolas.
A esta complejidad interna se suma la dificultad sanitaria para exportar carne aviar, lo que impide que el sector compense con divisas la pérdida de mercado doméstico. Por eso, un indicador enciende todas las alarmas: la relación entre importaciones y exportaciones de carne se disparó al 23% en el primer trimestre del año. Esto significa que, por cada 100 kilos exportados, ingresan 23 del exterior, cuando hasta 2023 esa relación promediaba apenas 4 kilos.
Preciado Patiño anticipó que lo peor podría estar por verse. “Cuando conozcamos los números de abril, probablemente veamos que la tendencia de marzo continuó”, vaticinó, en referencia a la persistencia del proceso de apreciación cambiaria. Según advierten desde RIA Consultores, el impacto podría sentirse especialmente entre los pequeños productores de pollo y cerdo, muchos de los cuales podrían quedar fuera del negocio si no medía algún tipo de recomposición del tipo de cambio o herramienta de defensa comercial.
A las habituales importaciones provenientes de Brasil, Chile y Dinamarca se sumaron ahora las primeras compras de carne vacuna a Estados Unidos, aunque en ese segmento las exportaciones argentinas de cortes de alto valor también crecieron. Pero para la avicultura y la porcicultura de pequeña escala, el mensaje es contundente: el piso importador llegó para quedarse, y la supervivencia dependerá de la capacidad de reacción del sector y de las políticas que se implementen en los próximos meses.













