Residuos avícolas: de problema ambiental a energía y fertilizante

El especialista Elbio Woeffray afirmó que transformar los residuos en energía no es una opción, es una medida imprescindible para Entre Ríos

El ingeniero Elbio Woeffray explicó cómo los biodigestores pueden convertir la cama de pollo y el guano en fertilizante y energía. La propuesta apunta a un pasivo ambiental que la avicultura entrerriana arrastra sin tratamiento y a producir gas local en lugar de pagar combustibles traídos de otras provincias.

El ingeniero electromecánico Elbio «Bocha» Woeffray sostuvo que transformar los residuos en energía «no es simplemente una política que se pueda hacer; es una medida imprescindible» para Entre Ríos. En la mirada del especialista, la cama de pollo y el guano de gallina que los establecimientos avícolas acumulan sin tratamiento son el punto de partida de esa conversación.

En una entrevista para el programa En el séptimo día, de Radio Plaza, Woeffray desmitificó el funcionamiento de los biodigestores: «Un biodigestor es un aparato sencillo que contiene un líquido residual producto de la actividad industrial o humana, en el cual se producen una serie de fenómenos químicos que pueden ser aprovechados», explicó. En ausencia total de oxígeno, la acción bacteriana transforma el líquido en dos subproductos: biol, «un fertilizante extraordinario rico en nitrógeno y fósforo directamente asimilable por las plantas», y biogás, con una capacidad calorífica prácticamente idéntica a la de un kilo de leña seca.

El proceso transcurre en tres fases bioquímicas sucesivas —generación de hidrógeno, etapa ácida y metanogénesis— y deja un gas que se canaliza por tuberías para usarse directamente en hornallas o quemadores industriales. Woeffray advirtió que el sistema exige condiciones estables: «A las bacterias no se les pueden aportar alimentos en mal estado o desequilibrados. Si se satura el sistema con exceso de grasas o kilocalorías, el proceso se interrumpe y los microorganismos mueren». En Alemania, señaló, operan más de 10.000 biodigestores capaces de abastecer de electricidad a ciudades enteras.

En la avicultura, el diagnóstico es concreto: «Para producir diez toneladas de maíz por hectárea se suelen aplicar doce toneladas de cama de pollo como abono. Como los nutrientes no están biodisponibles, se aplica en exceso y se genera un problema agronómico a largo plazo», dijo. Al pasar por un biodigestor, las bacterias descomponen las cadenas complejas en nitrógeno y fósforo asimilables y, como ganancia adicional, generan un flujo constante de biogás para calor o electricidad. Hoy, en cambio, la acumulación de miles de toneladas anuales de cama y guano dispuestas sobre el suelo satura de nitratos y fosfatos una tierra que no logra absorberlos.

Woeffray también descartó la idea de que la energía de los residuos compita con el gas: «La utilización de esta tecnología es absolutamente complementaria con Vaca Muerta. Mientras que los hidrocarburos abastecen a los vehículos o a las grandes industrias, el biogás permite generar energía con recursos locales que, si no se transforman productivamente, terminan convertidos en un problema ambiental». Además, el aprovechamiento local evita «el pago de fletes, cánones o regalías por combustibles traídos de otras provincias», y fortalece la economía regional.

Frente a ese potencial, la provincia avanza despacio. Los intentos locales se reducen a esfuerzos puntuales en municipios como Cerrito y Crespo, mientras Córdoba genera megavatios a partir de biomasa de maní, maíz y efluentes porcinos. Woeffray calificó de paradoja económica que la región importe fertilizantes químicos sintéticos en lugar de industrializar sus propios efluentes: «Teniendo todos estos recursos para abonar nuestros campos deficitarios, estamos supliendo esa posibilidad comprando urea importada a costos enormes, por pura inercia y falta de innovación». El especialista también lamentó que la enseñanza de energías renovables no esté incorporada de manera sistemática en las escuelas técnicas e ingenierías locales, y dependa de iniciativas individuales de docentes.

«La discusión de los próximos diez años gira en torno a dos ejes centrales: el agua y la energía. En ambos aspectos Entre Ríos es superavitaria, pero si no aprendemos a desarrollarlos con visión propia, quedaremos relegados frente al escenario nacional e internacional», concluyó Woeffray.

Fuente: Economía y Política (Entre Ríos)

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