“La bioseguridad es lo más importante hoy; el peor enemigo es la ignorancia”

Raúl Marso, presidente de «Las Camelias», repasa los 90 años de historia de la empresa, el impacto de la influenza aviar en el sector y los desafíos de la integración porcina. En diálogo exclusivo con Cadena Avícola, el ingeniero asegura que “el legado es la polenta” de sus fundadores y adelanta los proyectos de expansión.

Por Redacción Cadena Avícola

Concepción del Uruguay, 2026 – Arranque de año con una visita de peso. En el estudio de Cadena Avícola recibimos al ingeniero Raúl Marso, presidente del Grupo Las Camelias, una empresa que se prepara para celebrar nada menos que 90 años de vida en octubre próximo.

Con la tranquilidad que da el oficio y la pasión por la producción, Marso repasó los orígenes casi artesanales de la firma, el complejo presente del sector avícola argentino y los ambiciosos pasos que están dando en la cadena porcina. “No nos costó adaptarnos: el cerdo tiene cuatro patas y el pollo dos, pero el manejo y las cuestiones ambientales son muy parecidas”, bromeó.

Del abuelo y los nidos trampa a la integración nacional

La historia de Las Camelias no empezó en una granja tecnificada, sino con una “visión de intuición”. Raúl recuerda la figura de su abuelo, Enrique, quien en 1936 comenzó criando aves en un contexto donde “las gallinas se criaban en los árboles”.

“Él se consiguió un plantel de gallinas y un macho y las tenía con nidos trampa: la gallina entra, pone el huevo y no puede salir hasta que no se la identifique. Con eso fue haciendo selección genética”, relata Marso, destacando que aquel trabajo rudimentario fue el germen de una de las empresas avícolas más importantes del país.

A diferencia de la mayoría de las integraciones que nacen en el mercado y luego retroceden hacia la producción primaria, Las Camelias hizo el camino inverso. “Nosotros fuimos desde la base para adelante”, subraya el presidente. “Hoy me orgullece presidir la empresa junto a mis hermanos y ya tengo a mis hijos trabajando”.

Uno de los pasajes más emotivos de la charla fue cuando Marso evoca la incubadora casera que fabricó su abuelo: “Era un cajón con arena y un quemador. Tenía que mantener la llama encendida los 20 días. En pleno invierno, se levantaba a las 4 de la mañana a ver si la mecha estaba prendida. Ese es el legado: la polenta de ponerle a las cosas”.

El golpe de la influenza aviar y la urgencia de la bioseguridad

Al consultarle sobre la actualidad del sector, Marso fue contundente: “El sector avícola está atravesando paradigmáticamente una de las peores enfermedades de la avicultura moderna: la influenza aviar de alta patogenicidad”.

El cierre de mercados externos y la imposibilidad de certificar exportaciones golpean fuerte. “Se nos han cerrado todos los mercados. Estábamos listos para arrancar y nos caímos. Ahora el Senasa puede certificar, pero son los países los que deciden si aceptan”, explicó. Y agregó un dato clave: “Nunca hubo influenza en Entre Ríos y ya tenemos tres parates de la avicultura porque se considera a todo el país como una sola región”.

Frente a este escenario, el presidente de Las Camelias no dudó en señalar el camino: “Bioseguridad es lo más importante hoy. El vector son las aves silvestres y contra eso no hay más herramienta que un buen tejido y no pisar ni llevar virus en la ropa al galpón”.

Pero la empresa no se queda sólo en sus granjas. Marso destacó la inauguración de la Cuarta Corte junto a UADER y el municipio de Villaguay, un esfuerzo concreto en concientización. “No salimos de esto solos. El peor enemigo es la ignorancia. Por eso nos metemos en todo lo que sea conocimiento: desde estudios universitarios hasta el manejo diario de una granja”.

La paradoja del mercado interno y el respiro de la carne roja

A pesar del freno exportador, Marso se mostró cauto pero optimista con el mercado local. “Lo que podría haber sido un desastre, porque todo lo que se exportaba tendría que volcarse al mercado interno, se encontró con que la carne roja tomó un valor inusitado a nivel mundial. Eso genera un hueco donde nosotros podemos, sin proponérnoslo, crecer o al menos mantenernos”.

El desafío, insiste, es transformar la crisis en oportunidad: “Tenemos que aprovechar el desafío de la influenza para sacarnos de encima no solo esta enfermedad, sino todas las otras que se controlan con el mismo método: el máximo aislamiento posible”.

El desembarco porcino: de Porcomagro a San Justo

Uno de los movimientos más comentados del último tiempo fue la incorporación de lo que fuera Porcomagro al grupo Las Camelias. “El cerdo tiene cuatro patas y el pollo dos, esa es la diferencia. Pero después el manejo, las cuestiones ambientales y productivas son muy parecidas”, explicó Marso.

Lejos de ser un escollo, la integración resultó natural. En el caso de Porcomagro “No nos costó adaptarnos. Es un ícono de Concepción del Uruguay y queremos mantenerlo como tal”. La apuesta es clara: en la planta de San Justo ya se encuentra en marcha la instalación de un túnel de congelamiento. “Eso te permite tener un producto que podés mantener el tiempo que necesites, y poder exportar en algún momento”, adelantó.

La fórmula del recambio generacional y la calidad total

Finalmente, Cadena Avícola consultó a Marso sobre dos factores que distinguen a Las Camelias: la calidad como sistema y la longevidad del recambio generacional.

“Trabajamos la formación familiar alrededor de la empresa familiar, dando a los terceros no familiares la importancia que tienen. Intentamos mantener el equilibrio entre la familia y la empresa, aguantándonos en los momentos difíciles como hacen las familias y asumiendo el riesgo empresario”, sintetizó.

Y cerró con una reflexión que atraviesa toda la entrevista: “Los pollos necesitan las mismas condiciones que nosotros para vivir y progresar. En nuestras granjas, los animales tienen mejor calidad de ambiente que la que tenemos nosotros un día de calor como hoy. Hemos encontrado una relación directa entre la calidad de vida de los animales y el rendimiento productivo”.

Con 90 años a cuestas y una mirada puesta en la exportación porcina y la innovación biotecnológica, Las Camelias demuestra que la tradición y la vanguardia pueden caminar juntas. Siempre, como enseñó el abuelo, con la mecha encendida.

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