La creciente demanda de algunos mercados internacionales por animales más pesados impulsa la búsqueda de estrategias que permitan aumentar el peso de faena sin comprometer la eficiencia de los sistemas ganaderos. En ese marco, un trabajo realizado por especialistas del INTA Cuenca del Salado analizó el impacto de incorporar genética orientada a producir animales de mayor tamaño y sus efectos sobre la productividad y la reproducción de los rodeos de madres.
Según explicó Sebastián López Valiente, investigador del INTA Cuenca del Salado, «seleccionar toros de mayor tamaño permite producir novillos más pesados, pero también genera vacas con mayores requerimientos nutricionales. Si esas demandas no son cubiertas adecuadamente, podrían verse afectadas la precocidad y la eficiencia reproductiva de las futuras madres».
Los resultados del estudio muestran una relación directa entre el tamaño de la vaca y sus necesidades de alimentación. A partir de evaluaciones realizadas en rodeos experimentales, los investigadores estimaron que por cada 100 kilogramos adicionales de peso vivo de la vaca, el consumo aumenta aproximadamente 1,7 kilogramos de materia seca por día. Ese incremento se traduce en un peso al destete del ternero que puede rondar entre 10,1 y 20,6 kilogramos adicionales, dependiendo del sistema.
Sin embargo, cuando se analiza la eficiencia productiva, la relación se modifica. Las vacas de mayor tamaño destetan proporcionalmente menos kilos de ternero en relación con su propio peso y requieren una mayor cantidad de forraje para producir cada kilo adicional de ternero en comparación con vacas de tamaño más moderado.
«La relación entre el aumento del tamaño de la vaca y la eficiencia productiva no es lineal. Lograr animales más pesados también implica considerar sus mayores demandas de alimentación y el impacto sobre la rentabilidad», señaló López Valiente.
Los antecedentes reunidos en el trabajo indican además que los novillos provenientes de vacas más grandes suelen alcanzar mayores pesos de faena y de res. No obstante, también demandan más días de engorde y un mayor consumo de materia seca durante su ciclo productivo.
Frente a este escenario, el INTA Cuenca del Salado puso en marcha una serie de ensayos para evaluar distintos biotipos en sistemas ganaderos de ciclo completo. El objetivo es generar información que permita definir hasta qué punto es posible incrementar el tamaño de los animales sin afectar la fertilidad de las futuras madres ni la productividad de los sistemas pastoriles.
«La clave no pasa por producir los animales más grandes posibles, sino por encontrar el biotipo que mejor combine peso de faena, eficiencia productiva y fertilidad dentro de cada sistema ganadero», afirmó el investigador.
López Valiente agregó que la Argentina cuenta con evaluaciones genéticas que permiten identificar animales con curvas de crecimiento más intensas y eficientes hasta los 18 meses de edad, logrando mayores pesos a edades tempranas sin trasladar ese incremento al tamaño adulto de las vacas, lo que resulta fundamental para sostener la eficiencia reproductiva y el ajuste al ambiente.
Según el especialista, el desafío consiste en encontrar un equilibrio entre las exigencias de los mercados, la disponibilidad de recursos forrajeros y la rentabilidad de los establecimientos, de modo de seleccionar la genética más adecuada para cada sistema de producción.
Fuente: Argentina.gob.ar













