En el Día Nacional de la Avicultura, el Centro de Empresas Procesadoras Avícolas (CEPA) confirmó un dato que marca un hito en la cadena: durante 2025 el consumo de carne de pollo llegó a 49,4 kilos por habitante, el nivel más alto de la historia y una cifra que lo ubica prácticamente a la par de la carne vacuna. El crecimiento responde a la combinación de precio accesible, perfil nutricional y una producción cada vez más eficiente.
«Es una proteína magra, con alrededor de 22 gramos de proteína de alto valor biológico cada 100 gramos, grasas insaturadas, vitaminas del complejo B y minerales como hierro, zinc, fósforo y selenio», detalló CEPA. Su sabor suave y fácil digestión la convirtieron en una de las primeras carnes incorporadas en la alimentación infantil y en una aliada para adolescentes, embarazadas, deportistas y adultos mayores.
Según el Directorio Ejecutivo de CEPA, Carlos Sinesi, durante 2025 la producción nacional alcanzó 2,47 millones de toneladas, uno de los volúmenes más altos de la serie histórica, a partir de la faena de frigoríficos habilitados por SENASA de unas 750 millones de aves. La actividad se concentra en Entre Ríos y Buenos Aires, que juntas explican más del 90% del procesamiento del país, y se apoya en cuatro pilares: genética, nutrición, manejo y bioseguridad.
El crecimiento es también global: el Departamento de Agricultura de Estados Unidos proyectó que la producción mundial de carne de pollo alcanzará un récord de 110,7 millones de toneladas en 2026, un 3% más que el año anterior. Argentina, con más de 100 destinos habilitados y exportaciones a 74 mercados en 2025, apunta a seguir ampliando su participación en el comercio internacional.
La prevención sanitaria y el bienestar animal son la base de esa confianza. «La salud animal es el primer eslabón de una cadena que termina en la mesa de las personas. Cuando trabajamos en prevención, vacunación y bioseguridad no solo protegemos a las aves, sino que contribuimos a producir alimentos seguros, de calidad y de manera sostenible», señaló Pablo Nervi, gerente técnico de la unidad de avicultura de MSD Salud Animal.













